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Un clásico para escalar en las Torres del Paine

Publicado el 27/09/2009 por nualikburucker




Bueno, en este post no hablaré de una escalada ultra difícil, sino que de una ruta clásica para quienes pretenden aventurarse en la vida de  las grandes paredes de la Patagonia: me refiero a la ruta Monzino, que fue abierta por el mítico Guido Monzino en los años 50′.

Las Torres del Paine asombran por su majestuosa presencia. Constituyen un macizo de roca sedimentaria granítica relativamente nuevo (alrededor de 12 millones de años, a diferencia de Los Andes que tiene cerca de 60), formado por tres torres que emergen de forma armónica. Pero ojo, porque en los alrededores hay paredes incluso más imponentes.

Escalar en el Paine no es para principiantes. No tanto por la dificultad de sus rutas, sino por el clima, impetuoso y cambiante, que se manifiesta de un momento a otro. De hecho, se puede presentar el clima de las cuatro estaciones del año en un sólo día.  Y en la altura de la escalada, la lluvia puede ser nieve o granizo que cae descontroladamente a causa del viento arrasante, que fácilmente puede botar a una persona.

Así, la escalada en el Paine representa un desafio para escaladores de todo el mundo que esperan por meses a que el clima se afirme, aunque sea por un día, para escalar lo que sea.

Existen muchas vías para escalar. Unas muy difíciles, que requieren varios días en la pared, y otras que pueden hacerse  en una jornada. Monzino pertenece a esta última categoría, y a mi parecer es una buena ruta para subir a una de esas majestuosas torres.

Hace 12 años estuve en el clásico mirador, abajo de esas enormes torres, e imaginé lo increible que sería sentarse arriba  y observar el entorno. El tiempo pasó, me apasioné por los deportes al aire libre, entre ellos la escalada, y cumplí  mi sueño de sentarme en la cumbre de la torre norte (la más pequeña de las tres con 2.600 msnm), junto a buenos amigos.

Pude observar el Paine Grande, el Cerro Escudo y el mirador al lado de la laguna, donde alguna vez me senté como muchos a tomar un mate y a echar a volar la imaginación.

El silencio y el paso del viento son distintos cuando uno está en lo alto de cualquier cumbre. Van acompañados de una sensación de plenitud espiritual. Y a pesar de que muchas veces hay que sufrir para conseguirlo, se transforma en una droga sana que cuesta dejar. Yo nunca he visto a nadie quejarse de este vicio.

Les dejo un pequeño video de aquella vez.

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