En un artículo publicado esta semana en “Los Angeles Times”, aparece una historia increíble sobre un atleta de elite y que uno comúnmente no es capaz de dimensionar.
Wesley Korir ganó el año pasado el Maratón de Los Angeles y salío sexto en Chicago. Este joven de 27 años tiene su origen en una familia muy pobre de Kenia y se ha destacado mas allá de las expectativas comunes a un deportista.
Tiene un título en biología y podría comenzar con sus estudios de medicina desde ya. Sin embargo, hoy ejerce como encargado de mantenimiento en la universidad, trabajo que realizaba cuando estudiaba.
En su ciudad de origen, Kitale, era feliz junto a sus ocho hermanos. A veces no podían cenar, pero su madre los cuidaba. Corría diariamente 32k en el trayecto entre casa y escuela.
En el 2007 viajó a Kenia para resolver un tema de su visa. Las elecciones estaban por celebrarse en su país y los resultados generaron revueltas en su país, ciudad y tribu de origen. Lo obligaron a pelear junto a su hermano para defender su clan y en ese proceso se encontró con un amigo atleta que había competido en los Juegos Olímpicos de Seúl, quien le preguntó sobre la vida en América. Minutos después los emboscaron y el antiguo compañero fue asesinado y quemado.
De vuelta en Estados Unidos, participó en el Maratón de Chicago 2009, pero como no calificó dentro de los 20 elite, tuvo que partir 5 minutos después. Aún así, logró terminar en sexto lugar. Le correspondía un premio de 15 mil dolares, pero se lo negaron por no ser parte de los 20 elite ya definidos.
Hoy, independiente del dinero que gana en las maratones que participa, existe una certeza: vuelve a trabajar diariamente a su puesto de mantenimiento en la universidad.
¿Quién podría decir que la tiene fácil en los entrenamiento que hacemos semana a semana y congeniar eso con la vida personal? Pongamos cada vez más ganas a nuestro gusto por el running y no olvidemos que debemos seguir disfrutando día a día de este increíble deporte.
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