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Aclimatación

Publicado el 25 de febrero de 2012 por Daniel M. Giménez

A grandes rasgos, la aclimatación es cualquier proceso adaptativo de un organismo a las condiciones cambiantes de su medio. En un sentido más restringido pero aún de uso no técnico, se entiende como la habituación de un ser vivo a un nuevo estado climático. En el trekking, el montañismo y la práctica del outdoor en general, la aclimatación es la actividad física de preparación que se realiza antes de iniciar un ascenso de gran altura. Consiste básicamente en un programa de ascensos y permanencias en locaciones ubicadas a determinadas alturas sobre el nivel del mar. El concepto acá es simple: no basta sólo un par de zapatillas, equipo, indumentaria y las ganas para lanzarte a conquistar una cumbre. Necesitas también ajustar tu organismo al entorno de montaña.

Ejemplo

Si queremos hacer cumbre en un cincomil pero habitamos en una ciudad como Santiago, que se encuentra a escasos 550 msnm, tenemos que programar, antes de la expedición, salidas regulares y disciplinadas a alturas cada vez mayores durante un período variable según cada persona. Si queremos ascender al cincomil en 5 semanas más, entonces podemos programar salidas durante los siguientes cuatro fines de semana a alturas crecientes. El primer fin de semana se puede ascender a un dosmil, el subsiguiente a un tresmil, y los últimos dos a un cuatromil.

Para que la aclimatación sea eficaz no basta sólo con ascender. También es necesario permanecer algunos días en la altura. Ciertamente muchos más días que un simple fin de semana. Este ejemplo sirve sólo para ilustrar.

Fundamento biológico de la aclimatación

La presión del oxígeno en la atmósfera decrece con la altura. Por ello nuestro sistema respiratorio procesa menos moléculas de ese vital gas mientras más ascendemos sobre el nivel del mar. Generalmente, después de los 2.500 msnm una buena parte de los organismos humanos empieza a sentir los efectos de esa menor capacidad de procesar oxígeno, lo que se traduce en dolores de cabeza, fatiga, indisposición gástrica y vómitos, sueño (mucho sueño) y vértigo. Este cuadro de síntomas se conoce con el nombre de “mal de altura”, aunque cada país lo bautiza a placer: apunamiento (Chile y Argentina), sorojchi o soroche (Bolivia, Ecuador y Perú) o Yeyo (Colombia).

A los 4.000 msnm la mayor parte de los seres humanos son afectados por el mal de altura. Por eso son muy raras las civilizaciones a una altura mayor que ésa.

Pues bien, las personas que habitan en lugares altos no viven en un estado constante de mal de altura. Al contrario. Se encuentran perfectamente “aclimatadas”. Sus organismos han aprendido a convivir con la menor capacidad biológica de procesar oxígeno. Y eso se logra de una sola manera: produciendo mayor cantidad de eritrocitos o glóbulos rojos, que son los encargados de portar las moléculas de oxígeno por nuestra sangre y de repartirlas a todo el organismo. Así de simple y compleja a la vez es la respuesta automática de un organismo humano a la menor presión del oxígeno: más cantidad de corpúsculos portadores de oxígeno para que, por defecto, el torrente sanguíneo cuente con más oxígeno. A menor oxígeno en el medio ambiente, mayor oxígeno en el organismo.

Las personas que habitan lugares de altura, en consecuencia, presentan un recuento mayor de eritrocitos en la sangre que quienes viven al nivel del mar. Esa es la razón por la que pueden procesar la misma cantidad de oxígeno a pesar de la menor presión atmosférica. La larga permanencia en la altura obliga al organismo a responder con una producción mayor de eritrocitos. Pero esa cantidad no puede exceder cierto nivel, pues, de lo contrario, la densidad de la solución sanguínea producida por la alta cantidad de glóbulos rojos puede dificultar el flujo sanguíneo. Al número patológicamente elevado de eritrocitos se le conoce con el nombre de “poliglobulia”, y se combate cambiando de residencia a un lugar de menor altura sobre el nivel del mar. La respuesta automática del organismo humano al estar o habitar a escasa altura es reducir la cantidad de glóbulos rojos. Ésa es la razón por la que los habitantes de Santiago tenemos un número menor de eritrocitos y por la que, también, somos más propensos a sentir los rigores del mal de altura. Y por eso también la necesidad de aclimatación para subir a alturas que para otras personas pueden resultar ridículas.

La aclimatación, en definitiva, consiste en subir y permanecer en lugares de altura durante períodos no cortos de tiempo para que el organismo produzca la suficiente cantidad de eritrocitos que le permita sortear de forma menos traumática un ascenso repentino a algún lugar de gran altura. Habiendo hecho un ejercicio previo de aclimatación, tu organismo va a estar menos propenso a la hipoxia con la que podría encontrarse a mitad del ascenso de ese cincomil o seismil con el que has soñado durante tanto tiempo. No te saltes el proceso de aclimatación…

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